

Entre las formas no tradicionales de la expresión artística y el delta de la contemporaneidad, Francisco Benítez se sitúa en un contexto mas amplio y referencial que la sola ciudad de Monterrey.Su aportación se sitúa en instalaciones compuestas por elementos mejores incluso que la realidad misma. Video e imágenes digitales tienen en común un vivero de ideas que paradójicamente se implican en la historia de un crimen, el del asesinato de la realidad. Es decir, lo que el filósofo posmoderno Jean Baudrillard denomina como el exterminio de una ilusión, la ilusión vital, la ilusión radical del mundo. Esta destrucción posee sus propias leyes de reconstrucción, las cuales se inclinan hacia la estricta autenticidad con la ficción de la puesta en escena de la práctica cultural ejemplar de Benítez, en donde en forma casi imperceptible, se oculta el abismo de la realidad, porque desgraciadamente, ese crimen jamás es perfecto.
Sin embago, la biosfera que Benítez propone, parece cargar con un castigo, el de la perfección. Ese control que impera en su obra es el de la reproducción simbólica. Su móvil es el intento de lograr el artificio al grado de confundirse con la realidad a través de la exploración lúdica y del horrr de la verdad, en esa equivalencia escencial.
Pero existe un peligro en esta exposición, el cual es el hecho de acercarse al crimen perfecto. Es a través de la decodificación de la huella que el público reconoce los elementos. Evidentemente es notoria la resistencia cultural del artista a la pulsión fundamental del no dejar huellas del crimen.
Por lo tanto, con su obra, Benítez busca compender esa equivalencia radical que explique un posible camino, aquel en donde todo se valida ante los sentidos de quien observa las piezas.
Ovidio Espinoza Velarde
El Artificio Radica En_
Galería del IMNRC. Monterrey N.L. 2004






